MIMULUS REVISITADO II

 

Esta vez vamos a referirnos a Mimulus y el verbo Ser.
Yo SOY Mimulus
Tú ERES Mimulus
El ES Mimulus.
Cuando decimos de esta manera en relación a Mimulus significa que estamos hablando de él como Curador. Es decir, como uno de los Doce Curadores o Doce Sanadores.
Estas doce energías florales encontradas por Edward Bach son la quintaesencia del ser humano porque le señalan la virtud de su Alma, el aprendizaje que le corresponde hacer en esta vida, la lección que debe aprender. A su vez, la planta donde crece cada una de esas Doce Flores, se relaciona con la Personalidad, es decir, con la experiencia. Con el fin de ayudar al Alma a aprender, la Personalidad va a tropezar una y mil veces con personas, situaciones, circunstancias que faciliten –no pocas veces de manera demasiado expresiva- el aprendizaje.
Veamos cómo es esto en el caso de Mimulus.
SER Mimulus equivale a tener que aprender algo relacionado con el miedo. Lo estableció Bach al ubicar a Mimulus en el 1er grupo emocional, el Grupo de los Miedos, junto a Cherry Plum, Rock Rose, Aspen y Red Chestnut. De todo este grupo, aparte de Mimulus, tan solo Rock Rose es también un Curador. Cinco energías florales para contrarrestar el miedo. Lo que es lo mismo que decir que no solo hay una clase de miedo, sino muchas.
SER Mimulus entonces equivale a ser en esencia miedoso, temeroso, aprensivo, vergonzoso, tímido. A tener un Alma cuya Virtud es entonces la valentía, o, en palabras de Edward Bach, la Compasión, entendida como la capacidad de sentir el sufrimiento del otro y desear ardientemente ayudarlo, literalmente sufrir juntos. En el caso de Mimulus, podríamos aventurar, sin temor a equivocarnos, que la Compasión surge como un sentimiento hacia uno mismo: al sentir mi sufrimiento por miedo puedo compadecerme de mí y transmutar miedo por valentía para ayudarme a no sufrir. ¡No es aventurado definirlo así!
Vamos al Aprendizaje que vino a hacer el Alma Mimulus. Aquí voy a echar mano a una definición muy hermosa y muy precisa que encontré alguna vez. Lamentablemente no anoté el autor, así que si algún lector del blog sabe quién es, le pido compartirme esa información. Esta es la definición:
Valentía para superar el miedo y transformar las impresiones que lo producen.
Es perfecta. Porque define claramente a qué le tiene miedo Mimulus. A algo de afuera. A algo que le causa una impresión, le produce un impacto que gatilla la emoció: el miedo, el temor, la aprensión.
SER Mimulus entonces es tener que aprender la lección de superar constantemente el miedo a través de un esfuerzo por TRANSFORMAR LA IMPRESIÓN ACERCA DE LO OBSERVADO.
Y es así. Tal cual. La experiencia clínica lo demuestra de forma indiscutible.
Quienes SON Mimulus constantemente evalúan a su alrededor con el fin de sentir que pueden confiar. Una vez que esa evaluación les confirma que todo está en orden y nada constituye una amenaza, Mimulus se relaja, confía, desecha temores y aprensiones, poco a poco cede la cautela, la aparente timidez se vuelve apertura y la aparente vergüenza se troca en confianza y naturalidad.
En este mes de la chilenidad voy a citar un dicho muy nuestro: “subirse al guindo”. Se refiere a la persona que se ruboriza. Mimulus se ruboriza. Se siente observado, a su vez evaluado…y se sube al guindo.
¡Con qué gratitud me pliego a las palabras de Bach! ¡De qué manera quien ES Mimulus solo puede transmutar su miedo en valentía cuando sufre con él mismo por tantas aprensiones y tantos temores y puede entonces compadecerse –ver, sentir, transmutar- de sus estremecimientos internos y echar mano a toda su tremenda voluntad para hacer el cambio!
Recién estaba pensando en una querida amiga que ES Mimulus. Ella no lo reconoce. “Yo no tengo miedo a nada” declara “No soy ni tímida ni vergonzosa ni aprensiva”.
Podemos decir fuerte ¡ella es una Mimulus en estado transformado! Fluye en la virtud de Mimulus, la valentía. Claro que sí. Pero no olvidemos que quien ES Mimulus siempre va a tener el miedo al acecho, pronto a aparecer. Y en el caso de mi amiga así es.
Sentadas ambas ante un café y una medialuna, ella me dice de pronto:
– Sebastián quiere irse de la casa. No se lo puedo permitir.
Recordando al guapo Sebastián, su hijo mayor, de 25 años, quien prepara su tesis universitaria y trabaja por las tardes en una pizzería, le pregunto a boca de jarro
– ¿Y por qué no se lo puedes permitir?
– Porque tengo miedo –me responde mi amiga – miedo a que le pueda suceder algo. Que lo sigan una noche. Que lo asalten. Que se le quede prendido el gas. Que …
Más claro echarle agua.
HASTA LA PROXIMA ENTRADA!

Anuncios

Published by: mariaestercespedes

Soy Terapeuta Floral desde el año 2002. Número de Registro de la Asociación Gremial de Terapeutas Florales de Chile: 253 y dela SEDIBAC con el registro 2104 Autora de los libros "Terapia Floral para niños de hoy" (en conjunto con la Dra. Amanda Céspedes) , "Flores: Energía que sana" (en colaboración con Cecilia Gálvez), y Era una Gotita, del 2016, todos publicados por Ediciones B

Deja un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s