La terapia floral es un Arte

He escuchado muchísimas veces afirmar, en ámbitos relacionados con la terapia floral, que ésta es una “terapia del alma”. Y debo confesar que esa afirmación me queda rondando como un zancudo insistente. ¿Qué significado tendrá –me pregunto- esa frase dicha con tal convicción?

Y hoy me he puesto a reflexionar, sin soltar el hilo de mi entrada anterior, sobre esto. Y después de mucho dar vueltas y rodear por todos lados eso de “terapia del alma”…pues he llegado a la conclusión que es muy acertada afirmación. Sin embargo, sospecho que mi conclusión ha resultado de otras aristas y perspectivas  de la frase en cuestión.

Porque sospecho que quienes eso afirman se refieren a que la acción floral sanadora está dirigida precisamente a sanar el alma. No el cuerpo. Por eso la terapia floral no es ni pariente lejana de la medicina convencional.  Yo difiero. El alma no necesita ser sanada. Ella es perfecta. ¡¡Sanísima!!! Que a veces se pone mustia…puede ser…que otras veces se repliega…también puede ser…pero enfermarse ¡JAMAS!

Y de esa alma siempre perfectamente sana  voy a escribir ahora, para contarles por qué adhiero a eso de que la terapia floral es una “terapia del alma”.

Varios factores confluyen en esta forma de terapia, a saber: una persona que sufre, una persona dispuesta amorosamente a ayudarla a recuperar el bienestar y la salud, una persona que supo interpretar el lenguaje floral y pudo obtener el permiso de la planta para extraer la energía de la flor, una persona que distribuyó esa energía perfecta envasada. Si sumamos, ¡tenemos CUATRO almas!! en relación con la terapia. ¿Cuatro? Sí, cuatro almas “humanas”. Porque falta la quinta: el alma floral.  Y resulta que la interacción de estas cinco almas permite que haya algo –grandioso- llamado terapia floral.

NO ha intervenido la mente  más que en una mínima parte, que no por mínima deja de tener importancia. La mente de la persona que sufre actúa como lo que es, la loca de la casa, y tal es su poder de persuasión, que ha logrado enfermar al dueño de casa. Lo ha enfermado poniendo en él ideas y creencias nocivas. Y ha ido más allá todavía, la muy perversilla: ha enfermado las emociones del dueño de casa. Asimismo, no pocas veces la mente de la persona que amorosamente brinda su ayuda también se interpone con gran fuerza, diciéndole que es un gran terapeuta, que sabe exactamente qué debe darle a su paciente, como si fuera –esto me lo sopló una vez  la Cecy- un diostor. También es muy posible que actúe, ya lo señalamos en la entrada anterior, la mente de la cuarta persona en cuestión. ¿Y el alma de la tercera persona? ¿De ese preparador que interpretó y tradujo el mensaje vegetal? Esa alma, ya lo señalé también anteriormente, es pura virtud y por lo tanto no hay intervención de la mente. Y esto lo aseguro con absoluta convicción. Ojo! que estoy hablando del preparador, es decir de ese ser humano en su sagrado rol de mediador entre dos reinos. Es muy posible, más bien dicho seguro, que ya no en ese rol, este ser humano sea muy humano y la virtud baje su voltaje…puede ser…

De este modo, podemos decir que de las CINCO almas involucradas en la “terapia del alma” hay dos que son puras y son esas las que posibilitan la terapia floral. Sin ellas no habría nada que se le pareciera.

El alma de la flor es pura porque la flor no posee ego. El preparador floral   deja aflorar  su alma en el diálogo con la flor. De otra manera no podría interpretar el mensaje. Y aquí entra el ARTE. Porque ese diálogo es exactamente igual al que se produce en el arte. El artista no procesa con la mente sus  sensaciones ante la belleza o ante el sentimiento que anhela atrapar y plasmar en su obra. Procesa con su alma y nada más que con su alma, porque en ese encuentro lo que experimenta no es accesible a la mente. Así es también el encuentro del preparador floral con la flor: se produce en una dimensión que excede lo mental. Flor y hombre hablan. Flor y hombre se escuchan. Flor y hombre se transmiten secretos. Y la flor permite al hombre plasmar esos secretos en agua y brandy.¡Qué maravilla!

En el arte los secretos de lo bello y sublime transforman a través del artista al hombre común y corriente. En el diálogo flor-hombre los secretos de lo divino transforman al hombre que sufre.

Entonces, sí concuerdo:  la terapia floral es una terapia de las almas.

Hasta pronto!

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Published by: mariaestercespedes

Soy Terapeuta Floral desde el año 2002. Número de Registro de la Asociación Gremial de Terapeutas Florales de Chile: 253 y dela SEDIBAC con el registro 2104 Autora de los libros "Terapia Floral para niños de hoy" (en conjunto con la Dra. Amanda Céspedes) , "Flores: Energía que sana" (en colaboración con Cecilia Gálvez), y Era una Gotita, del 2016, todos publicados por Ediciones B

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